Los Árboles del Mundo
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En la geografía de Azeroth se alzan gigantes que no solo desafían el cielo, sino también el tiempo y la memoria. Los Árboles del Mundo son algo más que simples maravillas naturales: conectan lo terrenal con el Sueño Esmeralda. Estos colosos han sido testigos de eras enteras, del alzamiento y de la caída de héroes y villanos.
En este artículo exploraremos sus orígenes e historia, adentrándonos en las raíces mismas de Azeroth.
¿Qué son?
Los Árboles del Mundo son árboles ancestrales de dimensiones colosales, dotados de una conexión intrínseca con el Sueño Esmeralda, el plano espiritual que hay más allá del mundo físico. Sin embargo, estos árboles, como cualquier otro ser vivo, también son mortales y se pliegan ante el ciclo de la vida.
Hay que tener en cuenta que, aunque están relacionados con los Grandes Árboles, no son lo mismo.
Árboles del Mundo
Elun’Ahir
Según cuenta la leyenda, el primer Árbol del Mundo fue Elun’Ahir, plantado por la mismísma Eonar durante la guerra entre los titanes y los dioses antiguos. Se dice que nació de una rama de G’Hanir que Elune le entregó a su amada, y Eonar la plantó «donde pudiera ser alimentada por el río y el cielo», con la esperanza de que la influencia de la Vida ayudara a expulsar al Imperio Negro. La rama creció con rapidez, extendiendo sus ramas bajo la superficie, en las profundidades de Azeroth, mientras la vida crecía surgía.
Sin embargo, Aman’Thul arrancó el tronco de la tierra, pues Elun’Ahir no era un instrumento del Orden. Eonar, dolida, lloró, y sus lágrimas cayeron en el cráter. Fue cuando vio que las raíces del árbol habían sobrevivido. Le pidió a Freya que vigilara el cráter y la vida brotó en él. Mucho después de la caída del Imperio Negro, unos guardianes arribaron a las raíces y dedicaron sus vidas a protegerlas, en lo que hoy se conoce como Khaz Algar.
G’Hanir: el Árbol Madre
En los albores de la creación de Azeroth, G’Hanir fue creado por Freya dentro del Sueño Esmeralda como fuente de sanación y equilibrio. De él emanó la semilla de la vida, que florecería más tarde hasta atravesar las barreras hacia el mundo físico. Con el tiempo, G’Hanir se convirtió en el hogar y refugio de los espíritus de la naturaleza.
Aviana, la Diosa Salvaje de los cielos, quedó fascinada con el árbol y vinculó a este su poder y su espíritu. Pero la vida de G’Hanir se extinguió con la de Aviana cuando fue asesinada a manos de la Legión Ardiente. En un eco de desolación, sus hojas se marchitaron y cayeron.
Nordrassil: la Corona de los Cielos
Situado en la cima del Monte Hyjal, es el Árbol del Mundo original de los elfos de la noche. Fue plantado por Alexstrasza tras la Guerra de los Ancestros sobre el segundo Pozo de la Eternidad a partir de una bellota de G’Hanir. Después, la dragona bendijo al árbol, dotándolo de vitalidad; Ysera lo vinculó al Sueño Esmeralda; y Nozdormu concedió a los elfos de la noche la inmoortalidad mientras el árbol permaneciera en pie.
Durante la Tercera Guerra, Malfurion Tempestira se vio obligado a sacrificar estas bendiciones para detener a la Legión Ardiente y a Archimonde. Al invocar a los espíritus de la naturaleza con el Cuerno de Cenarius, Nordrassil detonó en una explosión que aniquiló al comandante demoníaco, algo que dañó gravemente al árbol.
Cuando el Cataclismo tuvo lugar, Nordrassil se había recuperado. Objetivo de Ragnaros, fue defendido por los ejércitos de Cenarius. Alexstrasza, Nozdormu e Ysera, junto a Malfurion y Thrall, ayudaron a restaurar Nordrassil.
Teldrassil: la Corona de la Tierra
Fandral Corzocelada, tras la segunda invasión de la Legión Ardiente, convenció al Círculo de los Ancestros de que era el momento de que los elfos de la noche crearan un nuevo Árbol del Mundo y recuperaran su inmortalidad. Fue así como Teldrassil fue plantado. La ciudad de Darnassus se asentó en lo alto de sus ramas, convirtiéndose en la nueva capital. Sin embargo, su preciada inmortalidad no les fue devuelta. Nozdormu, que otrora bendijera Nordrassil, les tachó de arrogantes y se negó a bendecir el nuevo árbol.
Alexstrasza e Ysera lo bendijeron tiempo después, cuando Malfurion Tempestira logró erradicar y restaurar el árbol tras descubrir una rama contaminada por la Pesadilla Esmeralda plantada por Fandral. Nozdormu, no obstante, volvió a negarse a otorgarle sus dones.
Fue el hogar de elfos de la noche y huargen por igual, cuando estos fueron acogidos por los primeros tras el Cataclismo, hasta la Guerra de las Espinas. Teldrassil fue consumido por las llamas bajo las órdenes de Sylvanas Brisaveloz, marcando una de las tragedias más oscuras de la historia reciente.
Andrassil/Vordrassil
Mucho antes de la Primera Guerra, Fandral Corzocelada tomó ramas de Nordrassil y las plantó sobre la saronita que comenzó a aparecer por todo el mundo en un intento por frenar su expansión. Andrassil creció fuerte en Colinas Pardas, y fue bautizado como «Corona de las Nieves».
Sin embargo, sus raíces se extendieron bajo la tierra y penetraron la prisión de Yogg-Saron. El Dios Antiguo corrompió el árbol desde su base, y el Círculo Cenarion se vio obligado a talarlo para salvar la región de la locura. Desde entonces, sus restos son conocidos como Vordrassil, «Corona Rota».
Shaladrassil
Según se dice, Shaladrassil surgió de un brote de G’Hanir mucho antes del Gran Catalismo, aunque sus orígenes son inciertos y hay quienes los discuten. Fue el centro de Val’sharah durante milenios, hasta que la Legión Ardiente y Xavius lo convirtieron en un foco de corrupción para la Pesadilla Esmeralda. Sus enormes raíces propagaron la corrupción por el bosque.
Amirdrassil: los Brazos de la Diosa
Amirdrassil nació de un semilla imbuida con las almas rescatadas de las Fauces, fallecidas durante el incendio de Teldrassil, y la Lágrima de las Hermanas. Merithra la llevó a través de la Rama Ancestral, en las Llanuras de Ohn’ahra, para que creciera protegida de los Primalistas.
El árbol floreció en Azeroth y su estanque fue consagrado por Tyrande como un nuevo pozo lunar, utilizando para ello las aguas restantes del Templo de la Luna de Darnassus. Bel’ameth se asentó entre sus ramas, convirtiéndose así en la nueva capital de los elfos de la noche y en símbolo de renovación.
El desconocido
En la versión de la Pesadilla Esmeralda de Un’Goro se encuentra otro Árbol del Mundo, a pesar de que no hay rastro de él en el mundo físico. Fue en su interior donde se asentó Il’gynoth.
La existencia de estos seres demuestra que, mientras las raíces de un Árbol del Mundo permanezcan, siempre habrá una conexión entre el mundo mortal y el Sueño Esmeralda.


