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Los Cielonato

Los Cielonato, o shen’dorei en darnassiano (pueblo oculto), son un tipo de elfos que provienen del pueblo de Eldre’Thalas. Si quieres conocer más sobre su historia, sigue leyendo.


Orígenes

La Rebelión de Shal’nan

Eldre’Thalas fue una vez una de las capitales del Imperio kaldorei de la reina Azshara, habitada por poderosos arcanistas conocidos como shen’dralar. Cuando el Hendimiento tuvo lugar, la ciudad se salvó por los pelos de la destrucción. El príncipe Tortheldrin y sus seguidores conjuraron un hechizo que protegió la ciudad de la ola destructiva que separó el continente en dos. Sus habitantes, aunque habían sobrevivido, comenzaron a sufrir la abstinencia de la adicción mágica que trajo consigo la destrucción del Pozo de la Eternidad.

El príncipe intentó invocar al demonio Immol’thar con el fin de que su gente saciara su sed mágica con él. Sin embargo, el plan hizo que surgieran numerosos detractores, muchos de ellos pertenecientes a familias nobles con influencia. Temiendo que el debatir qué tan ético era su plan, el príncipe Tortheldrin hizo una purga en una noche sangrienta, silenciando así a cualquier oposición y destrozando linajes enteros de un plumazo.

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Sus métodos funcionaron temporalmente, pero también fueron cuestionados. Algunos shen’dralar no querían que su príncipe se convirtiera en una nueva reina Azshara y se reunieron. El nombre de su líder se desconocía, pero le llamaban Shal’nan, el Velado, protegiendo su identidad tras una máscara dorada. Se convirtió en un símbolo entre los suyos. Haciendo uso de sabotajes, coacciones e incluso recurriendo al asesinato, los rebeldes frustraron los planes del príncipe de construir sus pilones de cristal. La resistencia comenzó a cobrar fuerza en Eldre’Thalas al tiempo que el druidismo se extendía entre otros tantos. Se rumoreaba que Shal’nan y los suyos contaban con agentes secretos del Círculo Cenarion enviados por el mismísimo Malfurion Tempestira, ya que Tortheldrin atacaba cualquier alternativa a la magia arcana; necesitaba que su pueblo dependiera de él y de Immol’thar. Tachó la magia de la naturaleza como vil y bárbara.

En la vísipera del día planeado para invocar a Immol’thar, las fuerzas de Shal’nan lanzaron una incursión al santuario interior. El hechizo de invocación, mal ejecutado, amenazaba con destruir parte de la ciudad. Durante el enfrentamiento, la magia salvaje se descontroló y varios portales al Vacío Abisal se abrieron, invocando criaturas arcanas que atacaban a los ciudadanos. Los rebeldes lograron evitar la peor parte de la destrucción a pesar de las numerosas bajas. El único superviviente del enfrentamiento en el santuario de Tortheldrin fue Shal’nan, y según se dice las heridas sufridas le marcaron para siempre. En los siglos posteriores, nadie ha hablado nunca de lo sucedido, como un secreto que todos acordaron guardar y proteger.

Las fuerzas del príncipe quedaron dispersas y desorganizadas, lo que permitió a los rebeldes restantes huir y reagruparse. Sin un lugar al que ir, Shal’nan guio a su gente fuera de Eldre’Thalas. En Eldre’narr, en Feralas, los magísteres que controlaban la ciudad tenían órdenes de matar a los rebeldes nada más verlos, pero no impidieron el paso a Shal’nan y a los suyos, quienes se apoderaron de los barcos y partieron hacia lo desconocido.

Muro Celeste

Los rebeldes llegaron a una tierra inexplorada gobernada por espíritus elementales. Con la flota de Tortheldrin tras ellos, negociaron con los espíritus del viento, quienes elevaron una masa de tierra de la isla al cielo para escapar del propio Azeroth. Usando su magia, anclaron la flotante Isla Zephras en Muro Celeste, uno de los dominios conectados al plano elemental. A salvo de sus perseguidores, los rebeldes construyeron allí su hogar. Shal’nan renunció al liderazgo de su pueblo, viendo con orgullo cómo su pueblo vivía en paz y se convertía en una sociedad fuerte y próspera. Entregó entonces el liderazgo a un consejo de líderes elegidos por el propio pueblo, aunque él siguió sirviéndole a su manera.

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Los Cielonato, como se hicieron llamar, experimentaron influencias elementales. Aunque sutiles, fue alterando su biología gradualmente. Inicialmente poseían la apariencia física de los elfos de la noche, y con el tiempo fueron empequeñeciéndose, volviéndose más pálidos y delgados, mucho más similares a los altos elfos que surgieron en Quel’Thalas. En generaciones más recientes, los cambios han sido más drásticos. Algunos shen’dorei nacen con la piel azulada, lo que se conoce como la «bendición tocada por el cielo». Se desconoce su causa, pero apareció hace cinco generaciones. Uno de cada veinte Cielonato nace con la piel azul y, dos generaciones más tarde, uno de cada diez. En la actualidad, uno de cada tres nacen con este color de piel. Los más sabios estiman que los últimos vestigios de su herencia de elfos de la noche podría desaparecer muy pronto.

Durante su estancia en Muro Celeste, los elementales del aire jamás hablaron de Al’Akir como alguien digno de veneración y prácticamente no le nombraban. Por ello, los Cielonato apenas saben nada de él e incluso su existencia es cuestionada. Los elementales siempre evitaban hablar de él al ser cuestionados, desestimaban todos los rumores acerca de ellos y aseguraban que no había de qué preocuparse. Algunos Cielonato encontraron esto sospechoso.

En la actualidad

Hace apenas unos siglos que los elementales del viento desaparecieron, así como Shal’nan. Los Cielonato quedaron, por primera vez desde su llegada a Muro Celeste, a su suerte. La ausencia de los elementales, además, pusieron en entredicho la estabilidad de la magia de la isla; los pilones que la mantenían anclada al plano elemental han comenzado a deteriorarse, causando que algunas partes cayeran en la completa ruina y oscuridad. Los Cielonato de Zephras perdieron el contacto con el resto de islas donde vivían los suyos y su propia isla también se estaba desmoronando. A medida que partes de las islas de los Cielonato colapsaban, algunos viajaron a la Isla Zephras como refugiados, pero muchos se encontraron sin un hogar. Algunos, incluso, se unieron a Al’Aketh, el culto que veneraba a Al’Akir.

En medio de esta convulsión han surgido dos facciones: la Suma Orden, eruditos que siguen el camino arcano de sus ancestros Altonato y buscar nuevos caminos, y los Formavientos, chamanes que buscan saber por qué los elementales se marcharon y buscan proteger su estilo de vida. Ambas pidieron ayuda fuera del plano elemental. Mientras que la Suma Orden acudió al Kirin Tor, los Formavientos fueron al Círculo de la Tierra, entrando a formar parte de la Alianza y de la Horda respectivamente. Las creencias de ambas con respecto a los elementales del viento y sus motivos para ayudarles inicialmente han creado conflictos entre las facciones.

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En el año 25 DAP (Después de la Apertura del Portal), los Al’Aketh idearon un plan para destruir los pilones que mantenían Zephras suspendida en el aire, al tiempo que mantenía a los Cielonato fuera del radar de Al’Akir. Con las barreras de los pilones eliminadas, Al’Akir llegó a la isla. La Suma Orden, los Formavientos y la milicia local, los Pacificadores, se unieron en el Santuario de Akir para detener al culto y derrotar a su líder, la Alta Sacerdotisa Lorthuna. Elaadrin Vendaval del Atardecer y Ayessa Cantoalba, líderes de la Suma Orden y de los Formavientos respectivamente, firmaron una tregua temporalmente. Muchos murieron en el Templo de Akir.

Lorthuna, durante su enfrentamiento contra Elaadrin y Ayessa, dijo que las barreras llevaban días eliminadas y que estaba encendiendo una baliza a los seguidores de Al’Akir. Rohash, del Cónclave del Viento de Al’Akir, respondió que desconocía que la isla de los Cielonato siquiera existiera. Reveló que ni Al’Akir ni el resto de Muro Celestial sabían de su existencia, pero que ahora que sabían de la existencia de los elfos atacarían en cualquier momento. El juicio por parte del Señor del Viento era inevitable. Lorthuna pidió una reunión con él para que supiera quién le había mostrado el camino hasta Zephras, pero Rohash la lanzó al cielo infinito de Muro Celestial.

Rohash convocó a los ejércitos elementales del Señor del Viento para combatir contra los Cielonato, pero la ayuda que Elaadrin y Ayessa pidieron llegó: las fuerzas del Kirin Tor y del Círculo de la Tierra, liderados por Ansirem Tejerruna y Muln Furiatierra. Muln convenció a Rohash de retirarse, y este les concedió un respiro, no sin antes asegurarles que Al’Akir sería informado sobre los Cielonato y sus islas. Y así lo hizo. Los Cielonato y la Isla Zephras ahora eran más vulnerables que nunca. En aras de protegerse de los peligros que les acechaban, tanto la Suma Orden como los Formavientos acudieron a Azeroth en busca de un modo de salvar a los suyos.

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